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Estrategias de movilización obrera clasista en tiempos de violencia y represión
Ortiz y María Laura.
XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
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Resumen
En esta ponencia proponemos analizar los virajes en la movilización obrera clasista a partir de una mutua determinación con los cambios en la estructura política y represiva aplicada desde las clases dominantes en Córdoba, durante el período posterior al Cordobazo y anterior al golpe de Estado de 1976. La mayoría de las investigaciones sobre el clasismo lo han caracterizado a partir de la referencia al caso del Sindicato de Trabajadores de FIAT Concord (SiTraC) y Materfer (SiTraM), entre 1970 y 1971. A la luz de esa experiencia se leen otras, como la que tuvo lugar en el Sindicato Mecánico de Córdoba entre 1972 y 1974, o en la Mesa de Gremios en Lucha y las Coordinadoras Interfabriles de Buenos Aires y Santa Fe. Cada una de esas experiencias es presentada como un estudio de caso, a partir de su propia dinámica, según las características de la clase obrera en cada lugar específico. Esta propuesta pretende historizar las estrategias de movilización obrera clasista en vinculación con las formas de dominación de los sectores empresariales, las “fuerzas de seguridad” y las élites gobernantes. Creemos que a partir de esa mutua determinación se hacen visibles los quiebres y continuidades en las experiencias clasistas de movilización. Entre 1969 y 1972, la dictadura de la autoproclamada “Revolución Argentina” aplicó una represión institucional de tipo militar, bajo la advocación del Estado de Sitio y los Tribunales Militares. Ante la imposibilidad de presentar reclamos sindicales y laborales por los canales del derecho, la mayoría de las expresiones clasistas se desarrollaron por fuera y al margen de los sindicatos, dando lugar a las expresiones más “ultraizquierdistas” del clasismo. Durante la apertura democrática de 1973, las fuerzas policiales y militares se amoldaron a la coyuntura constitucional y el clasismo tuvo la oportunidad de participar abiertamente en algunas elecciones gremiales e, incluso, acceder a comisiones directivas. La represión política quedó en manos de las patotas dirigidas por la ortodoxia peronista enquistada en algunos sindicatos, en la estructura de “las 62” normalizadas, y también en algunos organismos del justicialismo como la Mesa Redonda Peronista Permanente. A la “tradicional” represión empresaria se sumó, en este período, la protección explícita a esas patotas que ejercían la represión paramilitar. A partir de 1974 el estilo paramilitar de represión se coordinó desde el mismo espacio gubernamental. Tanto el “Navarrazo” como la intervención federal de la provincia de Córdoba sirvieron a ese fin, favoreciendo a la predominancia política de la derecha y caracterizando un régimen marcado por el Terrorismo estatal. En este contexto político los clasistas no tuvieron muchas posibilidades de expresión y, por razones de seguridad, tuvieron que desplegar diferentes tácticas de protección, sea la clandestinidad, el exilio y, en mayor medida, el insilio.
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