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Las consecuencias sociales y laborales de la globalización
Gema González Ferrera - Universidad de Cádiz.
IX Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2011.
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Resumen
Mientras en los países de europa, el Estado del Bienestar se desarrollaba con éxito en cualquiera de los modelos habitualmente descritos (modelo anglosajón, continental, nórdico), el modelo productivo español seguía la tendencia proteccionista y replegada en sí misma iniciada a finales del XIX. El franquismo estableció un tipo de sindicalismo único, obligatorio para empresarios y trabajadores, en un deseo de “superar la lucha de clases”. Se suprimió la libre negociación entre las partes sustituyéndose por decisiones del gobierno en lo relativo a condiciones de empleo y trabajo. El sistema daba una rigidez excesiva al mercado de trabajo y dificultaba el avance de la productividad. Las leyes laborales daban protección individual al trabajador como contrapartida a la falta de derechos colectivos (laborales y no laborales). El comportamiento judicial también era más favorable al trabajador: ordenamiento de contenido político más que económico. A finales de los 70 se generaron graves problemas debido a la urgente necesidad de ajuste de muchas empresas. Hubo que hacer frente a los efectos de la crisis del petróleo y adaptar la vida laboral a la nueva situación política: la transición a la democracia. El mercado de trabajo ha sido uno de los ámbitos de la vida económica española en el que más transformaciones se han producido en los últimos 30 años. En 1988 se cierra la etapa de concertación social iniciada en 1978 con los Pactos de la Moncloa y, a partir de ese momento, la evolución seguida por las sucesivas reformas del mercado laboral sigue los pasos de las de nuestro entorno: progresiva desregulación y flexibilización como producto de una globalización económica y financiera que no ha contemplado en ningún momento la globalización de los derechos laborales y su extensión a los países que no gozan de éstos y en la que el único factor productivo que no goza de movilidad es la fuerza de trabajo. Ésta, nunca en la historia de la humanidad ha tenido tantas trabas para moverse de una país a otro. La evolución generalizada hacia dos mercados laborales en el que el periférico o secundario (trabajadores eventuales, a tiempo parcial...) gana terreno al central (trabajadores fijos, a tiempo completo) es producto de la progresiva dependencia de un empleo para lograr insertarse en la sociedad de una forma considerada socialmente digna y de las 'negociaciones' de las grandes corporaciones con los diferentes gobiernos, conscientes de que éstas emigran sin impedimentos a países de menores costes laborales, legislación medioambiental laxa o inexistente o abundancia de materias primas. En la medida en que España y Argentina cuentan con ciertos paralelismos históricos recientes, se estima que la comparación de la evolución reciente de las transformaciones en el mercado laboral de ambos países ofrecerán datos sustantivos para una interesante reflexión.
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