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Asistencia social y asociativismo: ¿nuevos derroteros de la política social en la Argentina reciente?
Ana Logiudice.
Clara Bressano.
Natalia Borghini - Facultad de Ciencias Sociales - UBA.
IX Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2011.
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Resumen
La política social asistencial gestada con posterioridad a la crisis ha registrado transformaciones que se vinculan con la incorporación de formas de intervención destinadas a promover el asociativismo y el cooperativismo en el marco del denominado paradigma de la economía social. Ellas resultaron del impulso que las experiencias asociativas recibieron por la propia crisis, que diversificó las estrategias de supervivencia de los sectores populares. La multiplicación de experiencias asociativas y su incorporación en la agenda alentó el debate teórico en la materia. La economía social fue así definida como un subsector informal que busca la reproducción ampliada a partir de la articulación de experiencias de la economía familiar. A diferencia del mercado, no privilegia la eficiencia y racionalidad instrumental, ni tiene como principal objetivo la maximización de ganancias sino la reconstitución del tejido social. No obstante, ya desde la década de los noventa y a instancias de los organismos financieros internacionales, se promovieron experiencias asociativas semejantes. Así, bajo el manto del discurso del desarrollo humano, la teoría del riesgo y el fortalecimiento del capital social, se forzó la autoorganización compulsiva de las comunidades como forma de autorreproducción de los sectores populares. El lanzamiento de planes que combinan formas de empleo subsidiado y promoción del cooperativismo nos invita a interrogarnos sobre los alcances de estos programas, como modo de iniciar una exploración más abarcativa de las líneas de continuidad y ruptura existentes entre la política social de nuestros días respecto del paradigma neoliberal de intervención sobre la cuestión social. La política social asistencial gestada con posterioridad a la crisis ha registrado transformaciones que se vinculan con la incorporación de formas de intervención destinadas a promover el asociativismo y el cooperativismo en el marco del denominado paradigma de la economía social. Ellas resultaron del impulso que las experiencias asociativas recibieron por la propia crisis, que diversificó las estrategias de supervivencia de los sectores populares. La multiplicación de experiencias asociativas y su incorporación en la agenda alentó el debate teórico en la materia. La economía social fue así definida como un subsector informal que busca la reproducción ampliada a partir de la articulación de experiencias de la economía familiar. A diferencia del mercado, no privilegia la eficiencia y racionalidad instrumental, ni tiene como principal objetivo la maximización de ganancias sino la reconstitución del tejido social. No obstante, ya desde la década de los noventa y a instancias de los organismos financieros internacionales, se promovieron experiencias asociativas semejantes. Así, bajo el manto del discurso del desarrollo humano, la teoría del riesgo y el fortalecimiento del capital social, se forzó la autoorganización compulsiva de las comunidades como forma de autorreproducción de los sectores populares. El lanzamiento de planes que combinan formas de empleo subsidiado y promoción del cooperativismo nos invita a interrogarnos sobre los alcances de estos programas, como modo de iniciar una exploración más abarcativa de las líneas de continuidad y ruptura existentes entre la política social de nuestros días respecto del paradigma neoliberal de intervención sobre la cuestión social. La política social asistencial gestada con posterioridad a la crisis ha registrado transformaciones que se vinculan con la incorporación de formas de intervención destinadas a promover el asociativismo y el cooperativismo en el marco del denominado paradigma de la economía social. Ellas resultaron del impulso que las experiencias asociativas recibieron por la propia crisis, que diversificó las estrategias de supervivencia de los sectores populares. La multiplicación de experiencias asociativas y su incorporación en la agenda alentó el debate teórico en la materia. La economía social fue así definida como un subsector informal que busca la reproducción ampliada a partir de la articulación de experiencias de la economía familiar. A diferencia del mercado, no privilegia la eficiencia y racionalidad instrumental, ni tiene como principal objetivo la maximización de ganancias sino la reconstitución del tejido social. No obstante, ya desde la década de los noventa y a instancias de los organismos financieros internacionales, se promovieron experiencias asociativas semejantes. Así, bajo el manto del discurso del desarrollo humano, la teoría del riesgo y el fortalecimiento del capital social, se forzó la autoorganización compulsiva de las comunidades como forma de autorreproducción de los sectores populares. El lanzamiento de planes que combinan formas de empleo subsidiado y promoción del cooperativismo nos invita a interrogarnos sobre los alcances de estos programas, como modo de iniciar una exploración más abarcativa de las líneas de continuidad y ruptura existentes entre la política social de nuestros días respecto del paradigma neoliberal de intervención sobre la cuestión social.
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