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Entretenimientos y multitudes. El Jardín Zoológico de Buenos Aires en sus primeras décadas
Gringauz Lucrecia.
XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
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Resumen
Desde las últimas décadas del siglo XIX, en la ciudad de Buenos Aires fueron desplegándose una serie de nuevas prácticas, ámbitos y circuitos. Entre ellos los relativos al ocio de la población. Desde diversos sectores de la elite dirigente se postulaba la necesidad de que la ciudad contara con actividades y espacios dedicados a la recreación. En ese contexto, como señala Gorelik (2004) los parques se erigieron en artefactos urbanos condensadores de las voluntades reformistas. Si por un lado en la ciudad iban desplegándose diversos espacios para la sociabilidad y el divertimento (no todos avalados por los sectores dirigentes); por otra parte, sólo algunos espacios lograrían consolidarse y tener continuidad. Entre ellos, como veremos a lo largo de este trabajo, el Jardín Zoológico, inaugurado en 1888 y devenido ámbito multitudinario y convocante sobre todo a partir de los primeros años del siglo XX. El Zoo de Buenos Aires logró reunir, tempranamente, la búsqueda de garantizar un esparcimiento saludable e instructivo para las mayorías, con la necesidad de dotar a una ciudad en exponencial expansión, de espacios de sociabilidad ampliada y prácticas recreativas novedosas. En la intersección de ciertas modalidades de intervención estatal, de las aspiraciones de los reformistas, de la acción de pioneros y empresarios, y de los deseos de quienes transitaban la ciudad con aburrimiento y ansias de goce, el Zoológico se fue constituyendo como uno de los más exitosos ámbitos para el entretenimiento con que contaba la ciudad capital. Mucho tuvo que ver en ello, la impronta que le dieron a su gestión los primeros Directores de la institución, Eduardo Holmberg y, aún más, Clemente Onelli. El propósito de este escrito es reconstruir y analizar algunos objetivos, estrategias y resultados que permiten postular que el Zoo porteño funge -entre fines del siglo XIX y las primeras décadas de la centuria siguiente- como exponente de la incipiente articulación, de nuevos ámbitos, prácticas, pautas y circuitos característicos del ocio moderno, urbano y organizado en torno del encuentro y la participación de multitudes heterogéneas. La hipótesis es que en Buenos Aires empezaba a insinuarse el mercado del entretenimiento que contribuiría en el modelado de la cultura de masas y de sus participantes.
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