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“¿Yo, argentino?”: Las colectividades judías en Argentina (1890-1920), entre la preservación étnica y la construcción del ser nacional
Luna y Maria del Rosario.
XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
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Resumen
Durante la denominada inmigración aluvional hacia la Argentina a fines del siglo XIX y comienzo del siglo veinte, grupos judíos de origen ashkenazí y sefardí arribaron a la joven Nación en busca de un presente y un futuro más prósperos, huyendo de los brotes antisemitas y de la pobreza que asolaban en sus tierras natales. A su llegada, se ubicaron principalmente en las grandes ciudades y en las colonias agrícolas de la zona del Litoral, propiedad de la Jewish Colonization Association (JCA) del Barón Maurice Hirsch, estableciendo fuertes vínculos de sociabilidad intra-comunitaria, organizando sus propias instituciones religiosas y educativas, y siendo actores sociales activos en la integración y transformación de la sociedad argentina. Sin embargo, esto se convirtió en un serio problema y obstáculo para las elites oligárquicas en sus proyectos de crear una Nación moderna y una ciudadanía uniforme y disciplinada, una “argentinidad” inculcada a través del sistema educativo público en gestación, ya que el judaísmo de determinados grupos se opuso tanto como identificador de nacionalidad extranjera como así también cohesionador de una identidad étnica que no convenía a los fines homogeneizadores del Estado. En el presente trabajo abordaremos desde el ámbito de la Historia de la educación, cómo la comunidad judía migrante logró consolidarse como sujeto social con identidad propia dentro de la sociedad argentina, a través de diversas estrategias de integración pero manifestando también una inicial “impermeabilidad” de las relaciones intra-comunitarias. Cuestionándonos sobre la relación existente entre la inmigración de estos grupos y la gesta del sistema educativo formal, utilizado éste como “herramienta” para la creación de una sociedad disciplinada y homogénea, intentaremos dilucidar si las instituciones educativas judaicas religiosas y seculares, urbanas y aquellas establecidas por la JCA, pueden categorizarse como experiencias “alternativas” dentro del marco de la educación formal, integrando la enseñanza (laica) elemental y la educación religiosa, en las que pueden identificarse prácticas de resistencia a través de la re-significación de saberes productivos, es decir, involucrando componentes étnicos tradicionales como forma de preservación y transmisión cultural. O bien fueron complementarias y funcionales a los intereses de la oligarquía argentina que frente al problema inmigratorio despliega las estrategias de argentinización del sujeto inmigrante como también de represión efectiva de los grupos peligrosos.
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