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La contribución del cristianismo temprano al paradigma de la posesión diabólica y el exorcismo (siglos II-IV)
del Olmo Ismael.
XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
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Resumen
Existe en el origen del relato evangélico una característica fundamental: la identidad diabólica del enemigo. Los siglos, a través de los paganos, los judíos, los herejes, los indígenas y otros otros, no dejarán de explotar, profundizándola, esta presencia. La tendencia hacia el exclusivismo religioso —que la secta cristiana heredó del judaísmo y que el primigenio medio hostil del Imperio exasperó— encontró en la figura del demonio una vía adecuada para definir y rechazar a sus adversarios, ubicándolos en el combate cósmico y primigenio, de ribetes cuasi-dualistas, que el Nuevo Testamento desarrolla entre el Bien y el Mal. Por otra parte, estas definiciones contribuyeron a la reflexión que los mismos miembros de la nueva religión desarrollaban sobre la relación entre lo sagrado y lo humano, qué tipo de poder podía derivarse de ella, y los alcances últimos de la misión del cristiano en la tierra. La presente comunicación se detendrá en obras de Justino Mártir, Tertuliano, Ireneo de Lyon, Orígenes, Lactancio y Atanasio de Alejandría, todos ellos apologetas lato sensu, es decir, defensores encarnizados de un cristianismo primero sectario y luego imperial, enfrentado en un conflicto religioso formidable que incluía no sólo al culto pagano oficial y al judaísmo, sino a las propias desviaciones cristianas que se desarrollaban en la época, en el conflicto dialéctico con la ortodoxia que se iba perfilando. El objetivo del trabajo es mostrar cómo, a través del paradigma de la posesión diabólica y el exorcismo —ya presente en el Nuevo Testamento en el ministerio de Jesús y sus discípulos— el cristianismo temprano logró construir discursivamente un espacio de poder y una noción de autoridad de raíz exclusivista, específicamente diseñada para actualizar el enfrentamiento primigenio entre el demonio y Cristo. De esta manera, los posesos y exorcistas de los siglos II al IV (y más allá) replicaban, en las obras de estos primeros defensores de la nueva fe, las condiciones del origen de la comunidad cristiana, ofreciendo a los enemigos a la vez la evidencia del mal en el mundo y su derrota posible a través de la fuerza del nombre divino. Esta característica, la construcción de la posesión y el exorcismo como signos evidentes y probatorios de las realidad espirituales a seguir y a combatir, se mantiene fuerte dentro del marco cristiano (en especial en ciertos grupos evangélicos) hasta el día de hoy; consideramos útil, entonces, estudiar en detalle su período formativo.
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