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Los cristianos del siglo III: acerca de su organización y sobre las razones y reacciones en torno a las persecuciones
Lamboglia Rodolfo Germán.
XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
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Resumen
Hacia la segunda mitad del siglo III el cristianismo ya no constituía una simple religión nueva, sino que se trataba de una compleja organización que tenía la capacidad de incidir en la vida social de muchas comunidades en las distintas regiones del imperio. Fue por entonces cuando el Estado romano intensificó, aunque de forma intermitente, la violencia ejercida contra ellos, constituyendo el momento en el que tuvieron lugar verdaderas persecuciones. Las mismas no se desplegaron con igual intensidad sobre todos los territorios, en todo caso, se mantuvieron acotadas a ciertas regiones de Asia Menor, y ciudades como Cartago o Alejandría. Creemos que dicha violencia político/religiosa no obedeció a un único motivo, sino que, muy por el contrario, según las diversas circunstancias coyunturales, pudieron ser esgrimidas diversas razones para perseguir y castigar a los cristianos. Para poder establecer las mismas es necesario llevar adelante una reconstrucción histórica que tenga en cuenta las complejas y cambiantes articulaciones dadas entre, por un lado, los factores más importantes de la crisis del siglo III, como por ejemplo, el deterioro en ciertas regiones de las condiciones generales de la producción agraria; los problemas financieros del Estado romano; las acciones simultáneas y persistentes de los enemigos externos sobre la frontera danubiana y oriental; los autonomismos regionales y las frecuentes conspiraciones políticas que derivaron en una perdurable inestabilidad y debilidad del poder de los sucesivos emperadores. Por otro lado, con este marco general es con el que hay que relacionar, cuando la información lo permite, el nivel de organización alcanzado por los cristianos en sus respectivas comunidades, que por diversas razones no habían permanecido del todo autónomas, sino que habían mantenido estrechos y continuos contactos mediante una fluida correspondencia o mediante el sistema de sínodos y concilios. Finalmente, además de estas variables hay que considerar las particulares percepciones que de todo ello podían llegar a tener los distintos emperadores y los funcionarios del estado, subjetividades y sensibilidades muchas veces determinadas en función a la visibilidad alcanzada por la organización y el comportamiento particular de los miembros de ciertas comunidades de cristianos y sus respectivos líderes, de algunas ciudades importantes, tales como Alejandría, Cartago, Roma o Antioquía. En función de todas estas cuestiones en el presente trabajo nos proponemos analizar la información suministrada por Cipriano en una de sus numerosas epístolas, que a nuestro entender resulta ser un destacado testimonio acerca del nivel de organización alcanzado por los cristianos de la segunda mitad del siglo III, sobre la extensa red de contactos mantenida entre ellos, así como de la velocidad con la que podían hacer circular información de un territorio a otro, a veces incluso, superando la probada eficacia de la propia administración imperial.
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