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Intelectuales, partido y modos de asumir la ortodoxia: el caso de la Primera Reunión de Intelectuales Comunistas de 1956
petra adriana.
XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
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Resumen
La Primera Reunión de Intelectuales Comunistas que se celebró en setiembre de 1956 fue un evento determinante para el futuro del espacio intelectual del Partido Comunista Argentino (PCA). En sus casi cuarenta años de existencia, era la primera vez que el partido convocaba sus intelectuales para tratar los temas que les eran específicos. En el marco de la crisis convergente que produjo el cierre de la experiencia peronista y las revelaciones del XX Congreso del PCUS, la reunión era también el punto de llegada de un clima de beligerancia, incomodidad y sospecha que se había iniciado con las purgas antivanguardistas de 1948 y adoptado formas dramáticas con el acercamiento al peronismo que el partido intentó en 1952 bajo la tutela visible de Juan José Real. A partir de la intervención de Héctor P. Agosti esta ponencia tiene como objetivo analizar el modo en que fue caracterizado el problema y la función de los intelectuales dentro de la institución partidaria en el marco de un intento de renovación de los modos en que se concebía la relación entre marxismo, política y cultura que, sin embargo, estuvo constreñido a un mandato de unificación ideológica que aspiraba a una mayor encuadramiento del trabajo intelectual dentro del espacio partidario. A partir de una lectura crítica de la intervención de Agosti se problematizan los modos de presencia de la “heterodoxia” y la “ortodoxia” en el espacio intelectual del comunismo local. PONENCIA ANTERIOR: INTELECTUALES Y COMUNISMO: PROFESIONALIZACIÓN Y FORMAS DE COMPROMISO DURANTE LA DECADA PERONISTA El “giro cultural” de la Guerra Fría precedió al giro político que quedó oficializado en la conferencia inaugural de la Cominform. Este cambio se produjo tanto en la manera de concebir la tarea del intelectual como en sus formas de organización. En efecto, después de la Guerra, los más importantes partidos comunistas occidentales tendieron a “profesionalizar” las formas de organización de sus intelectuales, mediante la promoción de frentes por especialidad. En países como Francia e Italia esta estructura se desarrolló desde el periodo de la Resistencia y estuvo directamente relacionada con las condiciones de censura y clandestinidad. En ese contexto, la concepción clásica que concebía la acción común de los intelectuales en función de una intervención puramente política avalada por su capital simbólico (la firma de manifiestos, la participación en organizaciones como la Liga de los Derechos del Hombre), fue desplazada por una concepción profesionalista en la que el intelectual debía comprometer su obra o sus prácticas y competencias profesionales en el combate contra la amenaza nazifascista. Este modelo de organización corporativa de los intelectuales no fue únicamente una consecuencia de las condiciones impuestas por la guerra a la vida cultural, pues ya desde 1934 regía los destinos de la Unión de Escritores Soviéticos. Se trataba de promover estructuras formalmente autónomas de la organización del partido, aun cuando fueran dirigidas por comunistas, que tuvieran como función primordial la defensa de los intereses profesionales y gremiales de cada especialidad y, al mismo tiempo, actuaran como vehículo de las políticas unitarias. Durante los primeros años de la Guerra Fría, periodo en el cual los intelectuales comunistas se vieron obligados a poner a prueba sus saberes a demandas tan estrictas como el realismo socialista, el arte figurativo o la ciencia proletaria, intentando servir a la “verdad” detentada por el partido, las organizaciones profesionales actuaron como un modo de evitar su total aislamiento. A diferencia de la rigidez de la línea cultural zhdanovista, las estrategias unitarias se basaron, como en la época del movimiento antifascista, en consignas amplias como la defensa de la cultura nacional contra el avance del imperialismo norteamericano y la lucha por la paz. El “humanismo”, a menudo filiado con una tradición racionalista a la vez universal y local, sirvió como marco para lograr la adhesión de los intelectuales no comunistas a los combates comunistas de la Guerra Fría. En la Argentina, esta modificación de las estructuras del compromiso intelectual con el comunismo se produjo en la misma época, en buena parte facilitada por el clima de beligerancia que generó el peronismo entre los sectores profesionales y letrados. El objetivo de esta ponencia es analizar este proceso en el periodo comprendido entre 1945 y 1955
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