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Los canales rituales y discursivos utilizados por el rey Ur-Nammú en la instauración del nuevo orden
JUÁREZ ARIAS y MARTA ESTELA.
XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
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Resumen
Recordemos que Ur-Nammú (2.112-2.094 a.C.) irrumpió en el escenario mesopotámico después del corto gobierno de su pariente Utu-Hegal de Uruk, quien había expulsado a los guti de Mesopotamia. Tras hacerse con el poder -este otrora ensi de la ciudad de Ur, buscó imponer su dominio sobre todo el país para poner fin al período de inestabilidad y fragmentación que lo había precedido. Este soberano fue quien instaló la III dinastía de la ciudad de Ur, a la que eligió como capital de su reino y se intituló ‘rey de Ur’, y ‘rey de Súmer y de Akkad’ pues logró aglutinar el sur con el norte, al tiempo que favoreció la simbiosis de los dos elementos étnicos de la región: el sumerio y el semita. Conjuntamente, aplicó una centralización político-administrativa, para terminar con la autonomía del resto de las ciudades súmeras, aunque éstas todavía lograrán tener etapas discontinuas de independencia. Así como Utuk-Hegal había manifestado una conexión directa por línea materna con Gilgamesh, Ur-Nammú hará lo propio durante su reinado, a partir del cual impuso la idea de que su poder era de naturaleza divina y que por lo tanto obraba por sí mismo y no por delegación de un dios, aunque en la práctica éstos siguieran poseyendo parcelas de poder. En este trabajo nos proponemos analizar los diversos canales utilizados por el soberano uraniano para difundir aquellas prácticas sociales que reproducían planos discursivos ancestrales en aras de resignificarlos, tales como: la elaboración del Código que lleva su nombre, expresión de su voluntad de dotar a la sociedad que gobernaba de un marco legal y social acorde a la nueva etapa que transitaba; la construcción de zigurats y templos que ponían de manifiesto la piadosa actividad constructiva del dinasta, y la realización de una estela que muestra el ritual que sucede a la consagración del zigurat de Ur, conocida con el nombre de este activo e infatigable soberano, que logró conformar un Estado unificado, y sostenerse durante dieciocho años en el poder; merced al entramado discursivo al que recurrió para mostrarse como un rey sin parangón por sus virtudes y cualidades excepcionales que le permitieron recuperar el prestigio de la realeza, fortalecer el orden y la unidad política de sus dominios, y reforzar en la identidad colectiva el sentido de pertenencia al reino de Ur III.
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