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Un viage contado con “lenguaje de sencillez y verdad”
Alloatti y Norma.
XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
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Resumen
Sugiere Michelle Perrot que las voces femeninas, a menudo, están en las mujeres que franquearon las trabas de la escritura y dejaron sus voces plasmadas en textos que, si han sido conservados, muchas veces permanecen en anaqueles o repositorios sin llegar a manos de quienes estudian o investigan. Así ocurre con la Memoria del viage a Francia de una argentina de la provincia de Buenos Aires, editado en 1850 en Marsella, mientras su autora, Francisca Espínola de Anastay permanece en esa ciudad. El encuentro (fortuito) del libro en la Biblioteca de la Academia Argentina de Letras (CABA) permite revelar el testimonio de una mujer, con seguridad letrada, quien sin pretensión erudita alguna, desea trasmitir a sus “parientitas y amiguitas” lo que ve, lo que vive, lo que conoce, en su viaje transatlántico, acompañando a su marido. Ese único texto, diario de viaje, con pretexto de soliloquio epistolar aporta rasgos interesantes de los lugares conocidos al mismo tiempo que prodiga indicios de la vida pública en la provincia de Buenos Aires, o lo que para la época de la Memoria significaba la identidad señalada en el título: la ciudad misma. Si bien los signos de la época rosista aparecen de continuo en el relato, por lo general a modo de comparación con lo visitado en Francia, las marcas de la vida propia se diluyen y no son frecuentes en el libro. Hay una sobreabundancia de miradas introspectivas que presentan un patente carácter religioso, pero las pistas sobre su situación familiar y social son poco claras y se dan por sobreentendidas. Cinco años después del viaje, se hace el Censo de la ciudad de Buenos Aires. En él hay nueva información sobre del matrimonio Anastay que aporta indicios ligados a la vida privada de la autora, ya que la Memoria tiene escasas huellas acerca de la profesión del marido, de la familia residente en Buenos Aires, incluso de las “amigas” mencionadas a lo largo del libro. En consecuencia, otros archivos se hacen imprescindibles para completar el análisis de una fuente disímil a las de mediados del siglo XIX que, de autoría femenina, ya han sido estudiadas (Juana Manso, Rosa Guerra, Mariquita Sánchez de Thompson, entre otras). Aunque Francisca Espínola no pueda ser considerada más que una escritora ad hoc, su Memoria del viage a Francia invita a explorar el tiempo y los lugares en los que ella vivió, desde otros archivos, desde otros testimonios.
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